Las abuelas 

Las abuelas que amamantaron mi hambre dejaron sus pies sobre la arena  para que yo las siguiera descalza, aunque las piedras salieran a mi paso,   sin abrigo -sin atar mi pelo- para que me guiaran por donde había que ir.  aunque los lobos acudieran al camino;  Las abuelas  también dejaron lunas debajo de mi piel   para dar a luz  losSigue leyendo «Las abuelas «

Resistir en México

En México la gente siempre ha sobrevivido. Hace tiempo sobrevivió a lo que llaman el descubrimiento de América, aunque no fue descubrimiento sino matanza y saqueo. Después hubo invasión, viruela, despojo de tierra y de su contenido metálico, conversión religiosa forzada, traición, narcotráfico, covid… hasta hoy. Ayer visité a doña Adela, la de la farmacia.Sigue leyendo «Resistir en México«

Creo en los escritores

La mano que sostiene una pluma puede sacudir al mundo. Creo en los escritores. Porque podemos hablar suave y fuertemente Sin llevar un gran bastón. Porque podemos unir nuestras fuerzas sin usar armas. Porque mantenemos a nuestras comadres y compadres con nosotros, Y no tras nosotros. Nosotros podemos organizar una obra de teatro y unaSigue leyendo «Creo en los escritores«

Milonga y fandango

Siempre recuerdo aquel invierno en Sevilla. Estaba recién llegado de Argentina. Fui con unos amigos a caminar por la calle Castilla en el barrio de Triana  y, terminamos en Casa Rufina, nos asignaron una mesa en el segundo piso; al centro del salón una muchacha ejecutaba una danza de movimientos enérgicos; la música le ponía fuegoSigue leyendo «Milonga y fandango«

La bota proterva de Navidad

Cuento bucólico que nos hace entender una serie de supersticiones y cultura equivocada de la gente campesina envuelta en los mitos de sus creencias ancestrales. Cuenta la historia, allá por los años 1900, de un hecho macabro y tenebroso que causaba espanto en la Hacienda de las Juntas, ubicada en la parroquia de San Pablo de Guarainag,Sigue leyendo «La bota proterva de Navidad»

Exiguo

Un hombre está sentado sobre una chancleta de cerveza vacía y destartalada. Mirándolo bien, se parece mucho a un pordiosero cualquiera. Rodeado de junkies y la podredumbre del vicio llevado al extremo, donde duele el poco orgullo que queda, permanece estático intentando descifrar sus recuerdos desde las danzantes luces del fuego despedido por el desaliñadoSigue leyendo «Exiguo«