A través del velo

Nora Cruz Roque (Solangedar)

Crisy era feliz. Todo estaba listo. Los trajes de las damas, los accesorios de las cabezas, los zapatos satinados ya pintados… Los caballeros ya habían separado las etiquetas y solo faltaban algunos por entallar. La coordinadora, por su parte, se había encargado prácticamente de todo lo demás.

Crisy era feliz. Ahora sí, le había llegado la felicidad. Hacía cinco años que conocía a Leonardo. Se trataron por un año y convivían en su pequeño apartamento de estudiantes universitarios. Tenían muchos planes, pues ya casi finalizaban sus estudios y en el trabajo a tiempo parcial que ambos tenían, les habían prometido nuevas ofertas de trabajo una vez terminaran sus carreras.

Crisy era feliz. Varios años atrás su alma se había llenado de amargura al recibir la traición de su exnovio Enrique. Le hablaba de casamiento y se había hecho de ilusiones. El que él fuera unos años mayor que ella le hacía sentir segura y protegida. Una tarde de domingo le explicó que tenía que decirle algo muy importante. Le confesó que existía una chica y que lamentablemente tenía que romper con ella para cumplir con la otra. Crisy no podía entender la bajeza de aquella situación. A las pocas semanas, toda dolida, decidió salir al centro comercial. Lo vio de lejos acompañado de una joven a la que evidentemente se le notaba su estado avanzado de embarazo.

Crisy era feliz. Con Leonardo todo era diferente. Entre ellos no había secretos. Todo marchaba de excelencia. Los preparativos para la boda marchando excelentemente. A solo unas semanas se casarían y serían felices por siempre. Esa noche Leonardo llegó, cenaron juntos y se sentaron a ver televisión. En un tono muy lastimero, Leonardo le confesó a Crisy que no se podía casar, que había intentado grandemente cumplir con ella, pero que algo le sucedía que no le permitía dar ese paso. A los sollozos de Crisy, él le indicó que, aunque no le había sido infiel, no se sentía cómodo al lado de una mujer.

Crisy es  feliz. Han pasado seis meses. July la entiende a la perfección. La mima, la atiende, la complace, la respeta, la adora. Ella sí que sabe hacerla feliz, al fin y al cabo… es mujer.

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Nora Cruz Roque (Solangedar). Guayama, Puerto Rico. Es escritora cuenta-cuentera, poeta y declamadora del verso negrista. Es autora de cuatro poemarios, una antología de cuentos, dos libros de obras de teatro y tres de cuentos infantiles. Como gestora cultural ha fundado varios movimientos culturales, entre ellos la Liga de Poetas del Sur. Es oficial de la junta de directores de PEN de Puerto Rico Internacional. El cuento publicado está incluido en el libro de cuentos: Las entretelas de mi vieja maleta.

Imploración

J. Jesús García Rincón
PEN SAN MIGUEL, MÉXICO

Mis días se vuelven noches, y mis noches plegarias

Plegarias sin cordura con hambre de libertad.

La siesta sigue adormilada en mi regazo

Hay horizontes lejanos de advertencia

Pecados leves o veniales me atormentan

Un cinturón de cardos protege mi entereza.

Ha comenzado el frío al norte de mi alma

Me protejo en los robustos maderos de mi cama

Un tálamo vacío de quimeras,

Tormentas oscuras se vislumbran.

Mi corazón está a la intemperie,

Mis versos se han caído a una vereda de carrizos huecos

Algunas veces he escapado como un majestuoso colibrí

Mi nostalgia me retorna al reclusorio voluntario

Mi calma se introduce como miasma entre la piel.

La nostalgia se cimbra entre nosotros

Con las manos crispadas intento encriptar el viento

Por las mañanas le miento al sol

Sobre el cadáver marcesible de la espera.

Pandemia en colectivo, yo te imploro

Una pausa al encabalgamiento de tu ira

Una tregua con luces de bengala

Un alto al vendaval de tus excesos.

La herida en mis hermanos es profunda

Atraviesa el mar azul del pensamiento

Los adelfos se disipan con violencia

En arrebatado búcaro de excesos.

¡Basta ya!

Pandemia en colectivo, yo te imploro

Una mirada al mundo y a sus hombres

Que dejes de matar a los que amamos

Expulsa de tu vientre tus enojos.

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J. Jesús García Rincón. Técnico de Administración.de empresas turísticas, profesor, Auxiliar en educación básica, promotor cultural. Miembro fundador de los grupos literarios : Nezahualcoyotl A.C. , Ambrosía, Detrás del espejo A.C. , Kuimu Círculo cultural A.C. Egresado de las escuelas de artes MAPECO. Colaborador del grupo PEN de San Miguel de Allende, Guanajuato. Ganador del premio México Lee de CONACULTA. Participante en la antología RESISTIR. París, Francia, participante en antología SIGLEMA 575 en Puerto Rico.

Las abuelas 

María Concepción Ramírez Sámano
PEN SAN MIGUEL, MÉXICO

Las abuelas que amamantaron mi hambre dejaron sus pies sobre la arena 

para que yo las siguiera descalza, aunque las piedras salieran a mi paso,  

sin abrigo -sin atar mi pelo- para que me guiaran por donde había que ir. 

aunque los lobos acudieran al camino; 

Las abuelas  también dejaron lunas debajo de mi piel  

para dar a luz  los entuertos que guiarán los pasos de mis hijas.

Las abuelas me hablan en susurros -a veces no las comprendo-

dicen que el amor siempre ha sido el mismo, que igual que yo

y que mis hijas, esperaron al día siguiente para darse cuenta.

Que levantaron sus manos cada mes detrás de la esperanza,

que ungieron la frente de su hombre y de sus hijos

y que después de reconocer su nombre, les dieron vida.

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María Concepción Ramírez Sámano. Uruapan, Michoacán, México. Escritora y promotora cultural, con una trayectoria de veinte años. Ganadora de varios premios literarios. Fundadora de varios grupos culturales y literarios. Partícipe en una veintena de antologías poéticas. Dos publicaciones propias.

Resistir en México

Lucina Kathmann
PEN SAN MIGUEL, MÉXICO

En México la gente siempre ha sobrevivido. Hace tiempo sobrevivió a lo que llaman

el descubrimiento de América, aunque no fue descubrimiento sino matanza y saqueo.

Después hubo invasión, viruela, despojo de tierra y de su contenido metálico, conversión religiosa forzada, traición, narcotráfico, covid… hasta hoy.

Ayer visité a doña Adela, la de la farmacia. Su farmacia, en Ciudad Juárez, es su vida. No tiene a dónde ir cuando llega el narcotráfico, la violencia, el ejército, la guardia nacional, los secuestradores, los extorsionistas. No tuvo opción cuando mataron a tres de sus hijos. No tuvo opción cuando secuestraron a su esposo.

Fue secuestrado dos veces. La primera vez fue encadenado con un joven a quien mataron. Se quedó sin poder alejarse del cadáver varios días, los dos atados al mismo sillón con la misma cadena, hasta que su familia reunió el dinero para liberarlo.

El señor salió como un fantasma. Hoy en día, está siempre en la farmacia, pero es casi irreconocible. Permanece agachado al fondo y tiembla mucho. Doña Adela atiende a los clientes.

Una vez yo bailé para doña Adela. Ella estuvo entre muchas otras mujeres de los talleres de la hermana Betty en Casa Tabor. Bailé una pieza sobre un pájaro despertándose. Doña Adela siempre quiere que yo repita el baile para que lo vea su nuera sobreviviente, quien tuvo que trabajar en una maquila ese día.

Desde el día del baile del pájaro, he vuelto muchas veces a Ciudad Juárez. Quiero ver a doña Adela. Ella es una de las personas que han sobrevivido. También están doña Concha, Elizabeth, el Padre Fernando, el hermano de Marta. Quiero verlos a todos.

Necesito lo que tienen. Necesito resistir.

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Lucina Kathmann. Nacida en Estados Unidos en 1942. Se mudó a San Miguel de Allende, México, en 1978. Escritora y activista, es miembro del centro PEN San Miguel desde 1986 y Vicepresidenta Internacional de PEN International desde 2003. Asiste anualmente a las sesiones de la Comisión de la ONU sobre la Condición de la Mujer en representación del Comité de escritoras del PEN. Sus libros incluyen uno bilingüe de cuentos infantiles, uno de matemáticas en forma de historias, y cuatro de ensayos.

Cuando el cielo le cayó encima

Emilio del Carril

Esa mañana hubiera sido una cualquiera de no ser porque comenzó a respirar y exhalar azul. El evento pudo pasar desapercibido, pero de pronto le comenzó una tos que le provocó un lagrimeo también azul. Recordó cómo la noche anterior, había repetido un centenar de veces que, ante la partida de su amor, el cielo se le había caído encima. Y en efecto, la metáfora se hizo realidad. Después de unos días, aceptó que tendría que acostumbrarse a vivir con el cielo en la casa.

Para muchos la situación sería idílica, porque, sin contar que las camisas se le mancharon porque lloraba frecuentemente, sentía una paz inmensa, que contrastaba con el sentido negativo que pensó que tendría. Una noche se despertó con un fulgor que casi lo dejó ciego. La descabellada razón se debió a que las estrellas comenzaron a instalársele en el espacio de su hogar. Se acostumbró a dormir durante el día, para poder disfrutar de sus nuevas amigas de luz. Las noches con estrellas eran más largas, ahora disfrutaba organizándolas y formando figuras con ellas. Entre los luceros, reconoció el que le había prometido a su amor. Era muy particular ya que tenía destellos violetas y rojos.  

Decidió llevárselo a ella, con la esperanza de que regresara. La encontró cambiada, avejentada y cuidando con desdén a tres pequeños. Al verlo, su rostro, ya ensombrecido, adquirió algo de nostalgia. Él le entregó la estrella, pero ella se negó a aceptarla porque pensó que no había nada más doloroso que el recuerdo de una estrella. El hombre regresó cabizbajo. No volvieron a verlo, pero algunos juran que lo han visto saltando en la luna. 

Octavio Jr.

Saludos a todos. Soy el amigo imaginario de Octavio. Debería llamarme Octavio Jr., pero él siempre me ha llamado Timoteo. Él me creó o me inventó o me construyó, a los tres años, cuando sus padres lo dejaban solo. Fui yo quien le terminé de montar su primer Lego, y el que le pasaba las etapas difíciles de los juegos electrónicos. Hice todas sus tareas. Un día me dijo que lo sustituyera en la escuela, ese día tuve que pelear con varios chicos que lo acosaban. Fui yo quien tomó los exámenes para entrar a la Universidad.

Todo iba bien entre nosotros, hasta que me obligó a salir con su chica, Andreiana. Como si fuera producto de la mente del peor escritor de novelas mexicanas, tuve que sustituirlo en una salida para que él pudiera escaparse con un amor fortuito. Eso fue un problema, porque terminé enamorado de ella. Nunca se lo he dicho a él, de hecho, no se lo diré, pero he copulado con ella un par de veces, incluso, más que él. Ayer ella me confesó que está embarazada. Estoy seguro de que es mío. El doctor le dijo que era un embarazo imaginario (no faltaba más), pero yo he tocado su vientre y he sentido cuánto ha crecido. He decidido escaparme con ella, de todas formas, Octavio sigue infatuado con sus infidelidades. Hay gente que no puede ser fiel ni con ellos mismos.

Nos mudamos a Alaska. Allí alquilamos una casita al lado de un lago congelado. No sabemos si fue el frío, pero ella tuvo un aborto. Fue muy difícil para nosotros. De alguna forma me consoló el hecho de que abortar un bebé imaginario, con sangre imaginaria, y placenta imaginaria, es, al menos, un proceso bastante limpio, ya que no se mancha nada.

Vimos un anuncio en un periódico cibernético en el que se denunciaba la desaparición de Andreiana. Se mencionaba que ella tiene problemas mentales, que está fuera de la realidad, que inventa eventos, e, incluso, amigos.

Hoy tuve la valentía de mirar mi rostro imaginario en el espejo, me alivió saber que no existo, no quiero causarle daño a la mujer que amo, imaginariamente.

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Emilio del Carril. Posee un doctorado en Literatura Puertorriqueña y una maestría en Creación Literaria con concentración en Narrativa. Fue primer finalista en la categoría cuento de PEN de Puerto Rico Internacional 2016 por el libro de microrrelatos En el reino de la Garúa: Primera Jornada. Recibió el Premio Nacional de Cuento de PEN de Puerto Rico Internacional 2018, por el libro de microrrelatos En el oscuro reino de la Garúa: Segunda Jornada. Sus microrrelatos han sido publicados en diversas antologías y revistas literarias. Su trabajo literario ha sido galardonado por los premios International Latino Book Awards 2016, 2018.

La espada de Excalibur

Mairym Cruz Bernal

Defiendo mi mano izquierda de mi mano derecha

Defiendo el silencio de mi voz entrometida

Defiendo mi Inocencia de tanta experiencia inmunda

Defiendo la mujer que decidí ser ante todos los hombres 

Defiendo la Paz ante todas las guerras

Defiendo la mirada de aquellas miradas que acuchillan

Defiendo el árbol, mi hermano mayor,
                     el pan, la manzana mordida, defiendo a Eva

Defiendo el mantra que me fue dado en secreto

Defiendo hasta morir la niñez de mis nuevos hijos

Defiendo mi Libertad, mi círculo cerrado

Defiendo mis pies ya torpes de los caminos empedrados 

Defiendo la tumba de mi madre, el mar donde lanzamos
                                                                         sus cenizas

Defiendo mis memorias intactas en mis poemas

Defiendo a una niña rubia que corrió y corrió y corrió
       hasta llegar al mar y supo que no podía correr en el mar
       y vivió años de su vida con pánico,
       a esa niña defiendo de todos los engaños y del mal amor

Defiendo con la espada de Excalibur,
       a mi corazón, porque de él mana la vida 

Finalmente defiendo las hebras de mi pelo que caen
                            como semillas de islas por nacer

Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón,
porque de él mana la vida.
Proverbios 4:23

Para mi hermana peruana
      Gloria Mendoza Borda, por la memoria
.

******* 

Mairym Cruz-Bernal. Poeta, educadora, editora, traductora, columnista y ensayista puertorriqueña (1963). Presidió PEN Puerto Rico (2008-2012). Presidió el V Encuentro Internacional de Escritoras en Puerto Rico en el 2003 donde más de 300 escritoras firmaron un manifiesto por la paz. Posee una maestría en Escritura Creativa, Vermont College, Norwich University (1994). Sus poemas han sido traducidos al macedonio, árabe, croata, eslovenio, italiano, portugués, inglés, alemán, francés, polaco y mandarín. Es Presidenta-Asesora Internacional de los Encuentros Internacionales de Escritoras (EIDE), movimiento itinerante. Tiene 18 libros publicados en diversas partes del mundo. Es vicepresidenta/secretaria interina de PEN de Puerto Rico Internacional.

Creo en los escritores

Judyth Hill
PEN SAN MIGUEL, MÉXICO

La mano que sostiene una pluma puede sacudir al mundo.

Creo en los escritores.

Porque podemos hablar suave y fuertemente

Sin llevar un gran bastón.

Porque podemos unir nuestras fuerzas sin usar armas.

Porque mantenemos a nuestras comadres y compadres con nosotros,

Y no tras nosotros.

Nosotros podemos organizar una obra de teatro y una manifestación.

Nosotros cambiamos pañales, géneros y al mundo.

Nosotros tomamos el tiempo, a los niños y el teléfono.

Nosotros hacemos la cena, metáforas y compromisos.

Porque podemos escribir una novela, un poema y a nuestro senador.

El camino del artista no es este o aquel.

Es este y aquel.

Creo en los escritores.

Conocemos el camino de la serpiente y la luna, es decir, editar y revisar,

ajustar y cambiar.

Porque aplicamos empeño, labial y estructura narrativa.

Porque podemos organizar un viaje, una oración, un coro y un comité.

Porque pensamos en grande, comenzando en pequeño.

Tomamos corazones, tomamos manos.

Creamos significados, creamos música.

Creo en los escritores.

Porque si yo tengo y tú necesitas,

¡Yo sé dar y tú recibir!

Porque escribimos misterios y recibos.

Porque pensamos en círculos y familias.

No yo y lo mío, sino nosotros y lo nuestro.

Porque sabemos cómo hablar en conjunto,

Cómo llegar al punto sin desviar recursos.

¡Creo en los escritores!

Somos la siguiente generación, la Flota Estelar,

Haciendo el amor y películas.

Porque siempre hemos sabido llorar.

Siempre hemos sabido cantar.

Profesores y enfermeros. Jardineros y bibliotecarios.

El trabajo dejado a los escritores construirá un mundo nuevo.

Somos parte Papa H, parte Lorca y Rimbaud

Octavio Paz y Joyce C O.

Una pizca de Rumi y Bárbara K,

¡Salinger, Márquez and Austin – J!

Hijas de Mirabai y Emily D,

Hijos de Cervantes, Rilke y Keats,

James Baldwin, Gertie S. y Luis U.

Machado, Morrison y Dr. Seuss,

Dickens y Langston y Pablo N.,

Alice Walker y Hopkins y Allen G.

Somos talentosos y apasionados y sencillos.

Creo en los escritores.

Somos la esperanza de la capa de ozono,

Madres de la selva,

Hermanos de los indigentes, hijos de la paz.

Creo en los escritores. Los escritores podemos. Ya es tiempo. Nosotros debemos.

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Judyth Hill. Poeta, editora, profesora, presidenta actual del PEN de San Miguel, es autora de nueve libros de poesía y el poema internacionalmente  aclamado, “Haz la paz”, publicado en todo el mundo, puesto en música, realizado y grabado por coros y orquestas nacionales. Ofrece talleres de poesía y memorias en conferencias en todo el mundo. Judyth fue descrita por Denver Post como “Una tigresa con una pluma”. El poema publicado fue escrito en honor de la Conferencia de Escritores de San Miguel 2016.

Por puro gusto

Ruth Levy
PEN GUADALAJARA

—Pues yo tengo que vengar tu honra…—. La voz de Heriberto sonó decidida.

—¡Qué te pasa, hermano! Estamos en pleno siglo XXI. Me acosté con él porque lo quiero mucho, porque somos novios desde hace más de un año, porque me gusta estar con él…

Ya media hora que los jóvenes discuten; él asegura que debe correr la sangre del agresor para que la sangre de la familia prosiga honrada en esta nueva generación. Heriberto no acepta los argumentos de su hermana a pesar de que ella acaba de cumplir 25 años, tres más que él; que se licenció en Informática, que trabaja como administrativa en un banco…

—Y si te pones más necio me voy de la casa, al fin que gano mi propio buen dinero; ya no necesito que me des la mensualidad estipulada por papá antes de morir.

—No, Malena, en la familia no existe eso de “porque quise”, tú no puedes decidirlo, debes esperar a casarte.

—¿¡Qué, qué!? En primer lugar es mi gusto; en segundo, vivimos en la Guadalajara de 2020; por pura mala suerte te diste cuenta; si no, todo habría seguido muy normal.

—Te equivocas, hermana, tengo mis métodos para conocer cada paso que das.

—¡Ah! Entonces no fue mala suerte, ahora recuerdo que ayer te vi abriendo mi bolsa; habrás encontrado el recibo de la luz de su apartamento. Pero, ¿qué te crees? ¿quién eres para espiarme?

—El encargado de velar por ti hasta que formes una familia como Dios manda; recuerda las disposiciones de nuestro padre.

Don Rubén se casó con Doña Mariana ya maduros ambos; sus familias eran conservadores en extremo. El cáncer le arrebató a su esposa cuando el pequeño tenía cinco años. Entonces, contrató a una mujer que cuidara de Malena y él se dedicó en cuerpo y alma a educar a su hijo, el que debía continuar con la tradición familiar de que los hombres velan por las mujeres y no se casan hasta que ellas están bien instaladas en su nuevo hogar con un hombre derecho, de buena familia, y sólida fortuna.

—¡Para nada! Si me atuviera a esas absurdas disposiciones, mejor me quedaría sola siempre. Los hombres de este tiempo obtienen esa “sólida fortuna” ya cuarentones y contraen muchas mañas. Además, aún no decido que quiera casarme algún día.

—¿Cuál “algún día”? Ya tienes 25 años, casi casi no estás en edad de conseguir un buen marido.

—¡Como si me importara! ¿Sabes otra razón conveniente? No necesitas esperar, cásate o vete a vivir con alguna chica; así contentos y libres los dos de esos arreglos de papá… que sólo te lo dijo a ti, no a mí.

—Y sabes que es cierto; y él estaba seguro de que yo los seguiría al pie de la letra. La sangre de ese tipo lavará nuestra honra.

—No, hermano; esas ilógicas pretensiones quedaron en el siglo antepasado. No seas absurdo. Piensa como hermano comprensivo. Yo lo quiero y él me respeta..

—¿Te respeta? Si así fuera, no te habría violado…

—Te repito que fue una decisión de los dos, porque quisimos conocernos sexualmente y nos atraemos mucho además de amarnos y… por puro gusto. Quizá sea él con quiera tener hijos y seguir juntos…

—¿Sin casarse?

—No lo sabemos; así estamos muy satisfechos.

—Pues no lo acepto… Además, debes cuidarte del coronavirus.

—Sí lo hago; ya sabes que trabajo desde casa y, yo voy a su apartamento, vive solo y nadie más entra ahí. ¡Claro que nos cuidamos! No seas absurdo. Ya me cansé de tanto hablar claro, y no te entran mis sanas razones; mi válido y honesto comportamiento. Mejor me voy a dormir, tantán…

Dos semanas después.

Cuando se interrogó a Heriberto acerca del porqué había asesinado al novio de su hermana, contestó: —Por puro gusto, licenciado.

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Ruth Levy ha publicado libros individuales, o en coautoría, de poesía, cuento y de ensayo; los mismos géneros en revistas nacionales e internacionales, en papel y en medio electrónico. Su nombre se menciona en cuatro diccionarios de literatura.

Milonga y fandango

Laura Hernández Muñoz
PEN GUADALAJARA

Siempre recuerdo aquel invierno en Sevilla. Estaba recién llegado de Argentina. Fui

con unos amigos a caminar por la calle Castilla en el barrio de Triana  y, terminamos en Casa Rufina, nos asignaron una mesa en el segundo piso; al centro del salón una muchacha ejecutaba una danza de movimientos enérgicos; la música le ponía fuego a su frágil cuerpo. Quedé fascinado ante la imagen. Cuando alzó el rostro moreno y sus ojos profundos me miraron sentí una emoción desconocida, instante que terminó cuando el cantaor rasgueó la guitarra elevando un cantejondo, suavizando al duende de la bailaora, que ahora danzaba más lento mientras sus brazos dibujaban encajes en el aire.

Aún no me reponía del embrujo, cuando una melodía surgida de una garganta femenina me lanzó bruscamente a las calles del barrio de Palermo: era una milonga orillera vestida de faroles. La melancolía abrió la memoria del Buenos Aires que dejé, el de las calles ignoradas y balcones retacones, del arroyo de Maldonado que traza la línea invisible del territorio de los malevos cuchilleros, y de compadritos reunidos en el Boliche para bailar tangos dolientes acompañados por un somnoliento bandoneón.

El ambiente gitano fundió en la misma imagen el recuerdo de los inmigrantes moros y armenios que vivían en Villa Crespo. Por un instante olvidé dónde estaba, y retrocedí al paisaje invernal que veía desde la ventana de mi casa en la calle Serrano: árboles desnudos, nieve gris, gente con frío. Mis sueños de escritor los dibujé con vaho sobre el vidrio de la ventana.

Salí de la taberna sostenido por los brazos de mis amigos que bromeaban por el estado en que me encontraba. Bajamos por el Altozano y cruzamos el puente de Triana; el río Guadalquivir se había bebido las estrellas dejando solo una en el fondo de sus aguas. No hablé en todo el camino. El dolor de la timidez arremetió mi conciencia. La madrugada asomó por encima de los techos y con ello se alejaba la realidad que con el día se convertiría en obsesión. El invierno parecía disfrazarse de verano porque no sentía frío; el sudor recorría mi frente.

Al día siguiente, por la tarde, salí del hotel y caminé por la ribera del río. El atardecer siempre me ha parecido triste, como si el cielo se quedara ciego y necesitara de la luz de la luna para ver. Sin darme cuenta llegué hasta las puertas de Casa Rufina. Aún era temprano y había pocos parroquianos. El hombre tras la barra me miró receloso. Pedí una cerveza y me senté cerca de la ventana, ignorando qué era lo que hacía ahí. Una sombra perfumada de loción Maja se acercó. Sabía que era ella. Se sentó frente a mí y me miró sin decir nada. Era tan bella, recordé a las mujeres pintadas por Sorolla. Intenté hablar pero mi lengua se turbó. Una sonrisa fue la respuesta a mi torpeza, se levantó y se fue. Salí de prisa a la calle, avergonzado, era la primera vez que amaba intensamente a una mujer y no había podido decirle nada. El invierno se soltó de lleno con un frío rencoroso. Caminé por calles angostas que me regresaban al punto de partida. La taberna estaba fulgurante, la música traspasaba las paredes, podía imaginar a la gitana bailar. No entré, regresé al hotel y al día siguiente partí a Madrid. El tren cruzó por los campos andaluces, a lo lejos miré la Sierra Nevada vestida de blanco; pensé en ella, cerré los ojos y el aroma de Maja embriagó a la imaginación. Fue tan viva la sensación que cuando los abrí estaba ella frente a mí, sentada junto con una mujer mayor. Los volví a cerrar para ahuyentar a la fantasía y simulé dormir hasta que el porter anunció la estación de Atocha. No me moví, esperé unos minutos para asegurarme de que los pasajeros habían bajado, me asomé a la ventana, la vi alejarse por el andén.

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Laura Hernández Muñoz. Maestra en Historia por Escuela normal superior Nueva Galicia. Becaria del Instituto de Cultura Hispánica para cursar estudios de Doctorado en Teorías Económicas de la Historia en la Universidad Complutense de Madrid. Diplomada en Literatura del tercer milenio. SOGEM. Fundadora de la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de México. ALIJME A.C. 2009. Medalla de oro en el certamen de poesía Mahatma Gandhi de la WWCP, Chennai, India 2007. Su obra ha sido publicada en numerosas revistas, antologías, y libros internacionales. Su obra poética ha sido traducida al inglés, italiano, francés, portugués, japonés, farsi, griego, rumano, polaco, eslovaco, y árabe. Es autora de 22 libros. Géneros: Narrativa, poesía, dramaturgia, crónica y ensayo.

Cábala

José Rabelo

Después de muchos años adentrado en la exploración de los misterios cabalísticos, el Sabio descubrió el verdadero nombre del Creador. Al pronunciarlo se destruyó el mundo conocido y se originó un orbe sin villanos, ni hambre ni riquezas, con civilizaciones sin Pandoras, selvas pobladas de bestias amorosas, ciudades sin ladrones ni asesinos, continentes desprovistos de volcanes ni posibilidades de movimientos telúricos, bordeados por océanos en donde nunca aparecería un tifón. Al cabo de un día ese nuevo mundo desapareció tras una implosión de tedio.

Lluvia

—¡Corre, se acerca la lluvia! —fue el aviso del hermano mayor quien corrió hacia el barrio a las 16:57 de la tarde.

            Los hermanos corrieron junto a otros chicos calle abajo.

            Un trueno anunció la inminencia del aguacero. Las aves volaron hacia unas cuevas en lo alto de un monte cercano. Por las montañas se notaba la negrura matizada por una columna gris, muy parecida a una cascada desde las nubes.

            El viento trajo gotas hasta el barrio en donde los habitantes cerraron puertas y ventanas. El hermano mayor y los otros muchachos se refugiaron en la primera casa de la vecindad.

            El menor quedó rezagado. Las gotas cayeron sobre él al llegar al puente sobre el arroyo. Al contacto con la ropa y con la piel unas nubecillas de vapor se formaron alrededor de su cuerpo. El niño gimió al correr. La cortina de lluvia lo agarró a pocos metros de la primera casa del barrio. Trató de acelerar la huida, pero el rostro y los brazos se le fisuraron. Las vestimentas desaparecieron, la piel se disolvió, los músculos se expusieron por unos instantes hasta mostrar los huesos y los órganos internos desgastados por el torrente del cielo.

            La última gota del niño desapareció entre unas rocas a las 17:03 de aquella tarde.

Levitantes

            El primer hombre flotante apareció el 20 de septiembre de 2063.  Vestía un gabán negro y levitaba al ras del suelo. Parecía muerto por su piel grisácea, extremidades flácidas y por la cabeza inclinada sobre el pecho. También aparentaba estar colgado de unos cables invisibles, pero en realidad flotaba sin la ayuda de artificios. Al principio, muchos se sorprendieron con el suceso. Minutos después, una multitud se arremolinó para grabar vídeos. Cuando una pareja se tomaba una foto con el flotante al fondo, se escucharon quejidos provenientes del hombre levitante. Tras varios segundos, el ser estalló. Fragmentos de huesos se incrustaron en muchos de los presentes. Los heridos se quejaron de ardor y otros de comezón; luego cayeron al suelo dormidos. Antes de la llegada de las ambulancias, la multitud se convirtió en una legión de mujeres, hombres y niños levitantes. Se esparcieron por toda la ciudad. Al cabo de unas horas gran parte de la población flotó a la deriva. Ya los han visto por selvas, desiertos, montes y océanos. Se acercan.

Jadeante

Anoche soñé que alguien soñaba conmigo. En aquella pesadilla vi al soñador huyendo de mi presencia. Escuché su respirar jadeante y sus pasos en ascenso por una escalinata acaracolada. ¡No me mates!, me suplicó en lo más alto de la torre. Me acerqué a él sin mala voluntad y el soñador se alejó. Sin desearlo, lo hice caer al vacío. Me despertó el timbrazo del teléfono. Una mujer habló: «El trabajo fue bien realizado, felicidades, asómese por su ventana a ver el muerto».

Vida

            La sentencia fue dictada a las 15 horas con 17 minutos del 20 de octubre de 2063:

            «Por el vil asesinato de cuatro seres humanos y dos animales en menos de dos semanas, será sentenciado a pena de vida eterna». El reo perdió las fuerzas en sus piernas para caer a llorar de rodillas tras la mesa de acusados. Los conserjes judiciales tardaron mucho en secar aquel charco de lágrimas.

            Los conserjes penales todavía las secan, en la celda 1493, porque el efecto secundario de la pena de vida es el llanto perpetuo.

Arenas

Al ver el mar por primera vez, el cuerpo de una mujer se tornó en un amasijo de arena parda. Un poco más tarde, cuando un tritón salió de los océanos y avistó la tierra se transformó en arena amarillenta. Desde entonces las olas han intentado separarlos.

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José Rabelo. Aibonito, Puerto Rico. 1963. Escritor, profesor de creación literaria, pediatra y dermatólogo. Ha publicado tres novelas con Isla Negra Editores: Cartas a Datovia, Los sueños ajenos y Azábara, las dos últimas fueron reconocidas por PEN de Puerto Rico Internacional. Le da voces a especies en peligro de extinción en sus libros Cuentos de la fauna puertorriqueña y Cielo, mar y tierra (Premio Nacional de Literatura Infantil PEN Puerto Rico Internacional 2003). Ambos libros fueron ilustrados por el autor. Ha ilustrado varios libros entre ellos: El cuadrado que quiso ser círculo, La tortuga Fulana, Mi día de Playa y Godiva. Los microcuentos publicados están incluidos en 2063 y otras distopías (Isla Negra Editores, 2018).