PEN de Puerto Rico Internacional inaugura sede

El sábado, 8 de octubre de 2022, ante casa llena, PEN de Puerto Rico Internacional inauguró su nueva sede. La actividad inició como un conversatorio informal y se tornó en un micrófono abierto con lectura de poemas, cuentos y ensayos. La sede está en las facilidades del Concilio Puertorriqueño Contra el Racismo, en la Urbanización Parque Ecuestre en el municipio de Carolina. 

Encuentro Universitario

El jueves, 25 de agosto de 2022, PEN de Puerto Rico Internacional unió esfuerzos con la editorial de la Universidad de Puerto Rico para dar visibilidad a los escritores y a la literatura nacional. Al encuentro, que se llevó a cabo en la Biblioteca José M. Lázaro del Recinto de Río Piedras, asistieron cerca de 20 personas, incluyendo escritores invitados, así como público en general y estudiantes. La editorial estuvo representada por la escritora Marie Ramos Rosado, quien como crítica literaria, habló desde su experiencia en la academia y en el activismo cultural. De parte de PEN habló su presidente, Daniel Nina, quien ilustró su charla a partir de algunas de sus novelas. El evento, que se trasmitió por el portal de la editorial de la UPR, culminó con una venta de libros.

Poesía Salvaje: Microfono abierto

El miércoles, 17 de agosto de 2022, el la Librería La Mágica en Río Piedras, 15 escritores se dieron cita para participar de una noche de poesía bajo la dirección de Mairym Cruz Bernal, y la participación especial de Ana María Fustere Lavín. Allí se dieron cita poetas de todas las generaciones y con distintos temas en sus escritos. El recorrido literario incluyó desde décimas, micropoemas, hasta un poema en lenguaje de señas.

Juntos por la Palabra: Presentación de la Junta de Directores 2022

El martes, 16 de agosto de 2022, en la Librería Casa Norberto en Plaza Las Américas, PEN de Puerto Rico Internacional llevó a cabo un encuentro para presentar a la nueva Junta de Directores, según reorganizada en asamblea el 9 de julio del 2022. Cada miembro de la junta se dirigió a los presentes con una presentación breve sobre su visión de PEN. Los pasados presidentes Mairym Cruz Bernal e Hiram Lozada, así como algunos invitados especiales, compartieron vivencias y lecturas con los asistentes. 

Making love in Spanish

Jennifer Clement
Presidenta Emérita de PEN INTERNATIONAL

When I make love to you in English

the objects in the room have no gender

and I only hear our voices.

But when I make love to you in Spanish

the chairs – those little girls – chatter,

and our shoes want to step,

step with adoration, on the body

of light, lamplight,

that falls across the floor.

In Spanish the tangled sleeves of our sweaters

sigh with soft womanly voices,

and fall like long vines

around an armchair

that has become their master.

The roses bathe and bow

filled with desire for the clock

and fragile windows

want to break into the mirror.

Here your pockets worship

my stockings.

Here the white walls

worship a white moon.

In the dark I give you

my feminine mouth.

In the dark I give you

my masculine eyes.

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Haciendo el amor en español

Cuando te hago el amor en inglés

los objetos no tienen género

y solamente escucho nuestras voces.

Pero cuando te hago el amor en español

las sillas –esas niñitas –chismean

y nuestros zapatos

quieren pisar, con adoración, sobre el cuerpo

de luz, luz de la lámpara,

que cae por el piso.

En español las mangas enmarañadas de nuestros suéteres

suspiran con voces suaves de mujer,

y caen como largas enredaderas

alrededor del sillón

que se ha vuelto el amo de ellas.

Las rosas se bañan y hacen reverencias

Llenas de deseo por el reloj

y las ventanas frágiles

se quieren romper en el espejo.

Aquí tus bolsillos adoran

mis medias.

Aquí los muros blancos adoran

una luna blanca. 

En la oscuridad

te doy mi boca femenina.

En la oscuridad

te doy mis ojos masculinos.

 (Traducción al español de Jennifer Clement)

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Jennifer Clement. Nació en Greenwich, Connecticut, en 1960, y reside en México desde 1961.

Es una premiada novelista y poeta. Fue Presidenta de PEN International (de 2015 a 2021), convirtiéndose en la primer presidente de sexo femenino después de la fundación de la organización en 1921. Su novela, Prayers for the Stolen, fue seleccionada por el New York Times Book Review, finalista para el Premio PEN/Faulkner, ganadora del Grand Prix des Lectrices d’ELLE 2015 y galardonada con la beca NEA y el Sara Curry Humanitarian Award. La novela ha aparecido internacionalmente en diversas listas de Mejores Libros del Año, incluido el Irish Times. Jennifer obtuvo la Beca Guggenheim para su novela, Gun Love. Ha publicado también cuatro libros de poesía, incluido The Next Stranger. Sus libros se han traducido a más de treinta idiomas. Jennifer estudió literatura inglesa y antropología en la Universidad de Nueva York, además de literatura francesa en París. Obtuvo la Maestría en Bellas Artes con especialización en Ficción en el programa Stonecoast MFA de USM.(https://sanmiguelwritersconference.org/es/speaker/jennifer-clement/)

Home is where the heart hurts 

Unoma Azuah
PEN Nigeria

In the monastery of my mind

light and silence bend

at both stations, I kneel and gather stones and dust

I am different and no shelter can hold me

I gaze at metal crosses

the thorns and blood that was Christ’s lot

I live to partake of the one thorn 

ripping through 

a clear flesh

in the communion that is a flash 

in a pan of bread and wine. 

Tolling bells call

to sleep, waking

baking, prayers in

beads of blunted edges

it calls to vows, reunions

knots and strings of 

dangling hopes. 

Still I pray 

there is silence

then a flood of light

my gown shuffles across cold floors

to summons at the tower of grace. 

This is a familiar temple…

but it hurts. 

my lover and I cannot lock lips in the wind

our love is hushed with the silence of graveyards

as we smile into the faces of strangers

and frown into the faces of siblings

hoping they ignore the weight of what we share—

it’s heavy, so heavy—it tilts the globe. 

After a long trek in the desert of life

My lover is a festival of meals

We have devoured love and made lust 

the aroma that hangs in our kitchen. 

I bore my lover like news delivered

to a keen receiver

the message and the messenger merge

in nights of sweat and fear

it’s either the heat of the tropics or 

the steam of love lost and found.

There is no name for our bond 

torn papers stuffed

into the cracks of caves. 

My lover and I

are eunuchs on the corridors of echoes

the sterility of crosses

silence

prayers 

mortality 

are the landmarks of our barren landscape. 

And after our run for love

we may return as bones gathered

for the place our umbilical rest.

Yet home is not home

The closest thorns cut the deepest. 

Mosquitoes breed at my mother’s feet.

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Unoma Azuah teaches English at Wiregrass Geogia Tech., Valdosta, GA. USA.  She is an LGBT activist and she is currently working on a collection of true life stories from Queer West African Women entitled Wedged Between Man and God. Her writing awards include the Flora Nwapa award, the Urban Spectrum award, and the Aidoo-Snyder award. 

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El hogar está donde pena el corazón

En el monasterio de mi mente

se curvan la luz y el silencio

en ambos, me arrodillo y recojo polvo y piedras

Soy distinta y ningún refugio me contiene

Contemplo los crucifijos de metal

las espinas y la sangre del destino de Cristo

vivo para participar de aquella espina

que desgarra  

la carne limpia

en la comunión que brilla  

en una bandeja de pan y vino. 

El tañer de las campanas llama

a dormir, a despertar

a hornear, a orar

con cuentas de bordes romos

a hacer juramentos, reuniones

nudos y cadenas de  

esperanzas colgantes. 

Aun así, rezo 

hay un silencio

y la luz lo inunda todo

arrastro mi túnica por los fríos pisos

para comparecer en la torre de gracia. 

Es este un templo conocido…

pero lastima. 

Mi amante y yo no podemos besarnos en el viento

nuestro amor está encubierto en un sepulcral silencio

cuando sonreímos a los rostros de extraños

y fruncimos el ceño a los hermanos

esperando que ignoren el peso de lo nuestro

—es pesado; tan pesado— que ladea el planeta. 

Luego de un largo viaje por el desierto de la vida

Mi amante es un banquete

Devoramos el amor e hicimos del deseo  

el aroma que llena nuestra cocina. 

Llevé a mi amante como quien trae noticias

a quien las espera  

el mensaje y el mensajero se funden

en noches de sudor y miedo

es el calor del trópico o 

el vapor del amor perdido y encontrado.

No existe un nombre para lo nuestro

es papel rasgado

metido en grietas de cuevas. 

Mi amante y yo

somos eunucos en pasillos de ecos

la esterilidad de las cruces

el silencio

las oraciones 

la muerte  

son las marcas de nuestro paisaje estéril. 

Y después de esta carrera por amar

regresaremos como osamenta

a descansar en el ombligo de nuestras vidas.

Sin embargo, el hogar no es el hogar

Las espinas más cercanas son las que más penetran. 

A los pies de mi madre se crían los mosquitos.

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Unoma Azuah es profesora de inglés en Wiregrass Georgia Tech., Valdosta, GA. EEUU. Es activista LGBT y actualmente trabaja en una colección de historias de la vida real de Queer West African Women titulada Wedged Between Man and God. Entre otros reconocimientos a sus escritos están el premio Flora Nwapa, el premio Urban Spectrum y el premio Aidoo-Snyder. 

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Patricia Schaefer Röder
PEN Puerto Rico

Traducción de Patricia Schaefer Röder. Escritora, traductora literaria, poeta.

Nació en Venezuela y vive en Puerto Rico. Entre sus traducciones están las novelas El mundo oculto de Shamim Sarif, Por la ruta escarlata y Mi dulce curiosidad, ambas de Amanda Hale y premiadas en los International Latino Book Awards (ILBA) de los EE.UU. Es miembro de PEN de Puerto Rico Internacional. 

Calma

Elga Del Valle

Calma es…

…el nido de una golondrina

…una semilla recién germinada

…brisa marina que ensancha las velas

…el paso lento de una vieja feliz

…una pompa de jabón frente a los ojos de un niño

…el silencio del rayo que ya cayó

…la casi sonrisa roja del sol en el ocaso

…mi viejo ajustando sus espejuelos

…mi madre llorando lirios cala

…la charca en el techo luego del huracán

…la última hoja que cayó en el otoño gallego

…la novena sinfonía del sordo maestro

…la luna sanjuanera y el gato que le canta coplas

…el sueño de la mujer de Leighton

…la cura al mal de amores

…la niña que espera al padre que nunca llegó…

Calma es…

…el último aire de quien muere esperando.

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Elga Del Valle. Profesora, escritora y consultora educativa. Es egresada de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras y del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Entre sus publicaciones se encuentran: Se llamaba Ana: la vida de Ana Roqué de Duprey (cuento infantil), Al otro lado del azul (poesía) y Luces y sombras: el discurso feminista en las publicaciones fundadas por Ana Roqué Geigel de Duprey (historiografía; Segundo lugar en la categoría de Investigación y crítica del Certamen del Instituto de Literatura Puertorriqueña 2020); microrrelatos, cuentos y poemas en las revistas literarias electrónicas: Nefelismos (Venezuela), En sentido figurado (México) y en las antologías: José Luis González 2018, Somos la Voz I 2020, Cuentos infantiles sin fronteras de Oatxarkoaga (Bilbao, España 2020) y La era de la brevedad: antología de microrrelatos puertorriqueños y ensayos sobre el género de Editorial Areté Boricua (2021).

Paloma sobre el rayo de sol

Cristina Wormull Chiorrini
PEN CHILE

Paloma sentía junto a su cuello el frío que traspasaba el cristal de la ventana junto a su escritorio.  Las manos se le habían enfriado a tal punto, que cada movimiento sobre el teclado le producía un dolor agudo en los pulgares… pero no podía detenerse porque las ideas parecían bombardear su cabeza y desde ahí bajar hasta sus dedos que imparables se deslizaban sobre el ordenador en una danza hipnótica de palabras que no podía contener. No tenía claro qué estaba escribiendo, pero eso no era raro… Solía empezar por una frase, un pensamiento y luego solo se iba desenrollando, tomando un camino propio que la conducía hacia algún lugar desconocido… quizás a un amor sorpresivo, a un dolor no expresado o a una angustia soterrada que no podía explicar, pero que la hacía respirar entrecortadamente mientras las manos adoloridas danzaban sobre las teclas conducidas por ese fantasma de las palabras que nunca podía explicar. Sentía que las palabras tenían una música que la conducía hacia el espacio, cruzando por los cristales para remontar la cordillera que descendía hasta su ventana cubierta por un manto de nieve, silenciosa y secreta, acunando su espalda, y ese corazón que latía solo por inercia, porque hacía mucho tiempo que se había olvidado de amar, sin cicatrizar, sin dejar de sangrar cada mañana, cada noche, todos los días, semanas, meses, que se habían convertido en años siguiendo las huellas de un fantasma, de un sueño que fue y se perdió en las montañas.

Pero tiene que detenerse porque sus talleristas están escribiendo y pronto se terminará el tiempo que les dio para escribir un cuento, basado en un pie forzado que les expanda la imaginación y les suelte las manos

Todo el tiempo que les toma escribir un cuento, ella lo usa para ejercitar esas palabras, para unirlas en un juego de sube y baja, de melodías inconclusas, de ritmos y cadencias que se deslizan por el papel y conforman un relato, una divagación, un sueño donde los pies se escapan por las nubes, entre los cirros y se acurrucan entre los nimbos.

El sol se despide para ir a bailar con la luna mientras su cuerpo añora sensaciones, esos brazos que la sostuvieron un día valsando y desde el ocaso cabalgando sobre el sol rojo aparece Él aferrado a un rayo que se expande por el cielo y se acerca velozmente para rescatarla desde la ventana y en un giro espectacular cogerla de la cintura y sentarla en su regazo para subir hasta los arreboles, mientras le susurra al oído las palabras secretas, esas que ella no puede escribir porque las tiene agarrotadas en la garganta tras esa permanente sonrisa que oculta las lágrimas, las palabras, el deseo de su cuerpo y siente cómo se deslizan sus brazos para abrazar su cintura y estrechar su pecho aleteando como golondrina junto al suyo que bombea el amor de antaño, el amor añorado, ese amor que la viste y desviste por las noches y en la mañana mientras piensa en sus caricias, mientras siente sus manos fuertes, inmensas, volviéndose suaves para tocarla y apenas palpar la piel que de tanto encierro se ha ido tornando de blanca en alba y donde el color hace tiempo que no la encuentra.  Quiere seguir cabalgando junto a él sobre ese rayo encendido, subiendo al infinito hasta tocar las estrellas y perderse entre cometas mientras allá muy lejos, ya casi invisibles, siguen las talleristas escribiendo sus historias que quizás nunca podrá leer porque está tan lejos sobre las nubes, rodeando los hoyos negros de la galaxia, cabalgando un sueño imposible del que no quiere ni puede regresar.

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Cristina Wormull Chiorrini. Poeta, escritora y cronista oriunda de Machalí, Sexta Región, preside la SECH Oscar Castro (VI Región) y es vicepresidenta de Pen Chile, representante de «Los Inútiles» y directora de «Creativos Montañamares» (colectivo argentino chilento). Ha publicado los poemarios Thalamon, Navegante y Malditos labios, Arreboles alucinados (haikús), Carmela Bacante vacante (novela) y Antioquía en la ventana (cuentos).  Cronista de cultura en Lamiradasemanal. Ha recibido varios premios a su obra.

El abuelo se jubila

Haydée Zayas Ramos

El abuelo está triste. No entiendo por qué si ahora tiene mucho más tiempo para jugar conmigo. Antes trabajaba demasiado, era barco carguero y siempre navegaba de un lado para otro. A su regreso me contaba los detalles del viaje. Se notaba en su voz el amor por la aventura, por el mar, por la naturaleza. Me hacía sentir como si hubiese estado con él en medio de sus hazañas. Cuando le veía entrar al delta, yo navegaba, navegaba, navegaba a su encuentro. Seguía río arriba a su lado. Yo lo miraba tan grande, tan fuerte, tan rojo, tan invencible. Me sentía muy orgulloso. Le gritaba a todos —¡este es mi abuelo, ha regresado de otro viaje por el mundo! 

El capitán de mi abuelo era un marinero tosco, de músculos sólidos, pecho tatuado y voz potente, pero bastante considerado. Por lo menos hasta el día que notó que el abuelo se había despintado un poco y que de popa a proa le habían salido pintitas de moho. ¡Se había oxidado!

—El tiempo no perdona —masculló el capitán.— Nos exigen que completemos las rutas en menos tiempo, y cada vez tú navegas más lento. 

En verdad, le causaba tristeza, pero negocios eran negocios. Cuando habló con el abuelo y le dijo que era hora de que se retirara, ya era capitán de otro carguero. 

Al ver cómo el abuelo entraba al delta, supe que algo había sucedido. Navegaba en silencio. Apenas unas burbujas medio desinfladas dejaban ver que se movía. Me le acerqué suavecito, no quería molestarlo. Me miró con inmensa tristeza. No me atreví a preguntarle qué le ocurría. Después de ese día, se la pasaba unas veces triste y otras de mal humor. Le molestaba que le hablaran, no tenía apetito y nunca estaba de acuerdo con nada que dijera la abuela. Refunfuñaba por todo, sin importar lo que fuera. Prefería irse a dar vueltas a la bahía, que conversar con ella o jugar conmigo. Parecía como si del último viaje hubiera regresado otro carguero que no era el abuelo dulce, hablador y alegre que yo conocía.

Finalmente la abuela me lo reveló: —Le han pedido que se jubile, el capitán piensa que como carguero ya no sirve, que más bien es un estorbo en los mares.

—¡No, está muy equivocado! Que sea viejito no significa que no puede hacer nada, ¡al contrario! —le aseguré a la abuela.

 —Lo sé—susurró ella.

Piensa barquito, piensa. ¿Qué sabe hacer el abuelo, además de ser un diestro navegador? Piensa barquito, piensa. ¡Contar historias! Tantas que sabe el abuelo, tanto mundo que ha visto. Es capaz de hablar de cualquier tema, sabe todas las rutas marítimas de memoria. Puede nombrar los océanos, los mares y los ríos por orden alfabético. Tiene amigos en cada puerto. Su conocimiento, experiencia y talento no puede desperdiciarse. Sin consultarle a nadie puse en marcha mi idea.

—Ánimo abuelo, ya no estés triste, pues te he conseguido otro empleo —le anuncié muy contento al regresar de la escuela. 

—¿¡Qué!? —exclamó sorprendido el abuelo.

Ahora es voluntario en mi academia de navegación. Trabaja como Asistente Especial y Recurso Experto. Colabora con las maestras y los maestros en el astillero.  ¡Nos ayuda a hacer las tareas! Bueno, en realidad nos transporta a otro mundo. Navegamos a su alrededor y escuchamos atentamente sus narraciones fantásticas. Con él aprendemos sobre mapas y las estrellas. Nos ha inculcado el deseo de respetar los mares y amar la aventura. 

—Para embarcarse por el mundo hay que estar bien preparado —enfatiza en cada charla.  Ahora se la pasa contento y animado. Tanto que, si alguno de nosotros se escapa hacia el delta, nos trae de vuelta al astillero a son de regaños y de golpes suaves en la proa. Más de uno ha regresado llorando y tosiendo. Todavía no tenemos edad para navegar en agua salada.  ¡Pero qué difícil es resistir el mar, qué difícil!

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Haydée Zayas-Ramos. Puerto Rico. Es escritora y promotora de lectura. Ha publicado para niños, jóvenes y adultos.

«Andaba turisteando por The Cloisters, el castillo medieval en el Alto Manhattan, cuando vi un carguero rojo. Subía a contracorriente por el río Hudson. Inmediatamente pensé «ahí hay un cuento» y tomé la foto. Algunos meses después fui a Buenos Aires y tuve la oportunidad de navegar una tarde por el delta del río La Plata. La foto (NY) inspiró el personaje, el delta (BA) proveyó el escenario.» 

Guayaba

Mayra R. Encarnación Meléndez

Muerdo

Sí, muerdo a bocanadas de embeleso

Viajo a la semilla del bosque idílico

(olor a retoño)

Turbidez de sensaciones a vuelo lento

(olor a viento)

Purpurea mi piel enhiesta

sobre el hosco tronco

nos convertimos en retoño de auroras libertinas

enterramos la simiente

deshojamos la cáscara carcomida por el destiempo

Tomo el fruto prohibido a bocanadas

a ritmo lento

Olfateo cada semilla con la orilla del olvido

despierta la inquietud

Enjugo mi paso con el néctar de su savia

Desembocamos en la noche perturbada

Volcamos frutos en abierta andanada

riego mis latitudes

Destrono la montaña del olvido del cuerpo

como substancia primaria del ensueño

Destierro en mitades el fruto prohibido

Muerdo

Sí, muerdo a bocanadas de embeleso

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Mayra R. Encarnación Meléndez. Carolina, Puerto Rico. Trabaja en la Universidad de Puerto Rico en Carolina. En octubre de 2014 participó en el 13° Encuentro Internacional de Poetas y Narradores de Las Dos Orillas, y el 3er Congreso Americano de Literatura, celebrado en Uruguay. En dicha ocasión, recibió la distinción de Visitante Ilustre en la ciudad de San Carlos. En mayo de 2015, presentó Metáforas del olvido en el Encuentro de Poetas del Mundo, la Isla en versos en Cuba. Ha publicado los siguientes libros: Deshilo del costado, 2003; El otro en mí, 2003; Tránsfuga, 2009; Metáfora del olvido, 2015; Brújula del tiempo, 2019; y Violencia nuestra de cada día (Antología), 2020. Libro laureado con el Premio Nacional 2020 por PEN de Puerto Rico Internacional. Cofundadora de la editorial Areté Boricua.