La bota proterva de Navidad

Cuento bucólico que nos hace entender una serie de supersticiones y cultura equivocada de la gente campesina envuelta en los mitos de sus creencias ancestrales.

María Eugenia Torres Sarmiento
PEN ECUADOR

Cuenta la historia, allá por los años 1900, de un hecho macabro y tenebroso que causaba espanto en la Hacienda de las Juntas, ubicada en la parroquia de San Pablo de Guarainag, cuyo nombre proviene del quechua “Guarai” y “Nag” que se interpreta como “primeros y recios pobladores de esta tierra”, una de las más antiguas del  Cantón Paute, Provincia del Azuay, lugar tan tétrico en el que, en las noches y los amaneceres por su ubicación geográfica cerca de la cordillera,  azotan  vientos  huracanados con sonidos sobrenaturales  que hacen tiritar al más valiente de los mortales.

Los años se han llevado la prosperidad, pero el poder de las familias se mantiene todavía. También habitan los descendientes de los hacendados y los vendedores de papas, cebada, maíz, caña de azúcar y  la -cascarilla- de donde extraían la quinina para los laboratorios farmacéuticos que le dieron tanto apogeo económico a la región en aquella época.

Pueblo habitado de gente descendiente de españoles que migraron hacia aquel lugar a inicios del siglo XX en busca de tierras para el cultivo agrario: Los  Polos, Abades, Regalados, Quevedos, Larrea, Novillos, Trelles y otras familias que vivieron en ese lugar.

Cuenta “mamá Polo”, como la decían a Doña Josefa Polo Regalado, distinguida dama de la localidad, que en las noches, sobre todo de fiestas familiares, se reunían niños, jóvenes y adultos para las diferentes celebraciones. Pero entre chiste y chiste aparecían siempre, sobre todo las bellas damas, con un alarido espantoso, ¡según ellas eran las sombras que asechaban a las más bellas, a las rubias y coloradas! … Uyyyy, qué pánico el que se creaba.

Ilustración de María Eugenia Torres Sarmiento

Domitila, joven dotada de encantos mágicos, con su cabellera rubia y rizada como las rocas graníticas de la cordillera, sus ojos profundos e insinuantes como la aureola del capulí,  sus labios rojos como los geranios en flor, su silueta perfilada como las colinas adyacentes que causaban admiración en la enardecida juventud, fue también escogida por aquella sombra maléfica que no tenía forma, y que según Domitila la percibió tras el umbral florido de su  morada.

En sus solitarias calles solo se oye el zumbido aterrador del viento gélido, que raudo e inarmónico pasa y va dejando frío y terror en el lugar.  En la noche hay un silencio absoluto, y de vez en cuando enardecido por el aullido estremecedor de los perros. Pueblo lúgubre,  que no conocía el firmamento azul.

Pero Domitila, la niña rubia engreída de virtudes, no conocía el miedo, el temor, vivía amparada de un ser “sobrenatural”, su padre difunto. Y entonces inició su tarea: utilizó adornos naturales, hoy lo diríamos ecológicos, para preparar el árbol navideño y el nacimiento del Niño Jesús, -así  lo hizo- adornó el nacimiento con bombillos hechos de las granadillas secas unidas con engrudo hecho en casa. Entre estos adornos colgó una bota de lana de oveja como símbolo de Papá Noel.

Al terminar el trabajo, mientras Domitila y su madre dormían profundamente, oyeron un sonido macabro justo donde estaban ubicados los arreglos navideños, el estruendo agitó a toda la familia, quienes se levantaron asustados a investigar que pasaba, ¡pero nada nuevo o anormal encontraron! No pasaron segundos, cuando nuevamente Domitila y su familia escucharon un ruido similar al de la primera vez  y nuevamente bajaron a investigar, pero qué sorpresa, en esta vez, se encontraron con una bota grande, muy grande, tenía cuatro metros de largo, -era Proterva-, es decir maldita,  -maldición que fue ejecutada por una bruja llamada Constantina-, muy temida por el pueblo, porque una vez había asesinado a una persona que le hizo enojar ¡de un solo frotar de manos!

Constantina  tenía un odio irracional hacia Papá Noel, y esta bota pertenecía a él. Ese mismo día ella la hechizó diciendo: ¡BOTA PROTERVA! tú cobrarás vida todas las noches de navidad, para que “el que te tenga en su casa tenga mucho miedo y  jamás vuelva a festejar la navidad”.

Y así sucedió, en la noche de Navidad en la casa de Domitila, se divisaba una luz misteriosa del color de la muerte, azulada y tenue, que avanzaba lentamente. Esa luz llena de maldiciones venía desde la BOTA PROTERVA, pero nada de ello le sorprendía a Domitila, la rubia  de ojos destellantes tenía un ángel protector, se dice que nació con una estrella en su frente -lo decían los vecinos del pueblo-.

Era hora de acabar con ese hechizo, la bondad debía triunfar sobre la maldad, sin embargo no era fácil atrapar a la bota, tenía una energía especial que nadie podía sujetarla, cada vez que alguien se acercaba daba brincos de protesta, se enfurecía, nadie sabe que había en su interior, sólo hasta cuando Domitila la abrió y logró divisar una gigantesca serpiente con una lengua kilométrica que emanaba  veneno, e injuria.

Pero llegó el gran día… el  esperado suceso,  Domitila logró atraparla, y sin piedad la echó fuera de la casa y ella emanó en vez de maldiciones, perdón a aquellos que habían hecho daño durante muchas etapas de la vida.

Las palabras mágicas de la rubia incandescente provocaron quemaduras en la Bota, por lo que poco a poco invisiblemente fue desapareciendo. De inmediato el cielo se iluminó, el crepúsculo sombrío se volvió multicolor, trinaron las aves, los campos eran verdes y todos los que habitaban en el pueblo salieron de sus casas tarareando un son de melodías y villancicos. 

El pueblo volvió a la calma, los ladrones desaparecieron, los campos estaban llenos de flores, de árboles, de aves, y la cascarilla se multiplicaba sin cesar.  Ahora, las violetas y las azucenas no eran tétricas, eran del tono de los ojos azules de Domitila.

  “Recuerden siempre, en la historia de los hombres han existido hombres buenos y hombres malosSeres humanos fruto de la maldad  y seres humanos fruto de la bondad”.

¡Feliz Navidad!

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María Eugenia Torres Sarmiento. Comunicadora Social. Gestora Cultural. Máster en Formación Especializada del Profesorado, UNED, España. Máster en Gerencia de Innovaciones Educativas, UTEQ-Ecuador. Miembro del Centro PEN Internacional Ecuador. Miembro del Colectivo Cultural “Cuchara de Palo”.  Candidata a PHD en Comunicación Social por la Universidad de la Habana-Cuba. Autora de ensayos y textos investigativos.

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