Lo que no te dije

“Gracias, señora Matilde, me sentaré al lado de Benito, porque sé que es él y hace mucho tiempo que no hablamos”, le expresé a la enfermera del centro. Camino ansiosa por llegar a ti, y un tumulto de mariposas vuelan en mi estómago. Mis piernas no están sincronizadas con mi corazón. Mi deseo por avanzar es inmenso como inmenso es el mar, mas mis piernas…

Deseo decirte tantas cosas, Benito, tengo tantas palabras acumuladas en la garganta peleando unas con otras para salir. Acalladas por el tiempo, por la distancia, por la realidad, por tantas cosas que no sé si el reloj me dará el permiso o si el sol esperará en el horizonte a que vierta sobre ti lo que no te dije nunca.

Con el deseo de avanzar casi tropiezo, la nube opaca mi visión, y este pedazo de metal, en vez de servir para apoyarme, solo puede hacer de compañero oyente. ¡Tantos años, Benito! Tantos momentos hermosos que vivimos hasta que te fuiste a pelear por otros, y yo esperando que pelearas por mí, mientras contaba los días en el calendario por tu regreso. El cartero no volvió a visitarme, y nunca más disfruté de las primaveras en mi vida. No te dije que te esperaría, aunque no lo pediste, pero te esperé. Porque mi mundo estaba unido al tuyo, y tus mares en un punto se encontraban con los míos; ya no había forma de desligarme de ti.

Ya casi llego, Benito, para sentarme a tu lado. Sé que veré en tu rostro las huellas de una travesía que ha sido larga y difícil, pero igualmente lo verás en el mío. ¡Al fin! Podré decirte lo que no te dije cuando éramos libres para amarnos aun siendo amigos. Que aquellos encuentros dejaron una huella imborrable en mi vida. Que mis padres me castigaron porque no querían que te viera. Pasaron tantas cosas, que quise contarte, aunque fuera por medio de las cartas, pero cortaste toda comunicación y nunca supe el por qué.

Un poquito más, Benito, no te me vayas a levantar para marcharte. Estoy llegando, ya me falta poquito. Hay que ver cómo con los años perdemos toda habilidad de movernos rápido. Mas mi corazón, cual gacela, está corriendo y brincando de emoción al saber que estás ahí. Ahora podré desnudar mi alma ante ti y decirte lo que no te dije todas esas veces que me preguntaste qué pensaba hacer con mi futuro. Pues ahora quiero contarte cuál fue mi futuro, y tú fuiste parte de él.

¿Qué estarás pensando ahí, tan quieto y tan callado? Un paso más y logro al fin verte de frente. No sé si podré sostenerme cuando te vea.

—¡Benito! Hola, ¿cómo estás?, ¿te acuerdas de mí?

       ¿Porqué me mira, sonríe y no dice nada? Tal vez no se atreve a hablar porque está asombrado de verme. Sí, eso debe ser. O tal vez no me reconoce.

       —Me sentaré a tu lado, soy Mercedes, Benito. Tu Mercedes. La que te acompañó en tus años de escuela superior. La que te acompañaba a todos tus juegos de pelota porque tus padres no iban. Desfilamos juntos en la graduación, tu compañera de travesuras.

Observo cómo me mira con esos ojos hermosos.

—Me enteré de que estabas en este centro y quise que me trajeran aquí para hablar contigo, compartir y recordar cosas hermosas que vivimos, si no te molesta.

No habla y creo que no me conoce. Está ausente, su mente no está aquí.

—¡Ay Benito! ¿Qué tienes? Benito, estoy aquí para decirte lo que no te dije antes de que te fueras de mi lado. Lo más probable es que no entiendas, pero no importa; aún así lo diré porque este corazón necesita descansar.

—¡Don Benito! —le llamaba la enfermera— ya vinieron a buscarle.

—¿Cómo que vinieron a buscarle? —pregunté a la enfermera.

—Su hija lo vino a buscar porque se lo llevará para atenderlo en su casa.

—No puede ser, llevo toda una vida esperando por este momento y ni cinco minutos tuve para hablarle.

Entonces mordí mis labios para no gritar; total, de qué serviría. Bajaré el rostro para no mirar y ver cómo nuevamente te vas de mi vida. Respiraré profundo para que el olor del mar llene mi existencia y olvidar el perfume que por un breve instante recibí de tu presencia.

Una vez más te has ido, aunque hace mucho tiempo te fuiste. Esa enfermedad se ha robado tantos sueños sin conquistar.

—¡Madre! ¿Podemos irnos?

—Sí, hijo.

—Cuando llamaron al señor que salió creí que me llamaban a mí.

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Annette Candelaria. Nació en New Jersey y se crio en Utuado, Puerto Rico. Es miembro de PEN de Puerto Rico Internacional. Autora de Ojos de plata, su primera novela, y Cómo deleitarme en Jehová en medio de mis pruebas, un libro de crecimiento espiritual.

¡Hasta siempre, Juan David!

Por Sandra Santana

“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo
del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir…”.
(Eclesiastés 3:1-2, versión Reina Valera)

Nuestra cultura nos enseña qué hacer a partir de los nacimientos. Pero no nos enseña, como en otras culturas, cómo enfrentar la muerte de un ser amado. Por eso el duelo es tan traumático y difícil de manejar en tantos casos.

En la búsqueda de consuelo por la muerte de mi gran amigo, Juan David Hernández, encontré una cita de Hannah Arendt, filósofa política alemana, posteriormente nacionalizada estadounidense, de origen judío, y una de las más influyentes del siglo XX.  Arendt dijo que “Todo dolor puede ser soportado si sobre él puede ser contada una historia”.

Tiene sentido. Recordar la vida de una persona es traerla de vuelta a la memoria y atesorar los recuerdos valiosos contribuye a hacer más llevadera la pena.

Mis recuerdos de Juan David me hacen sonreír, agradecida de haberlo conocido. La primera vez que lo vi fue en un salón de conferencias. Él era uno de los oradores. Recuerdo que al final me acerqué y le pedí su número telefónico para una posible colaboración futura. En efecto, la oportunidad se presentó. Lo invité para que fungiera como jurado del Certamen Literario PEN 2016, en la categoría de Historia. Él aceptó de inmediato. A partir de ese momento comenzó una amistad que se fue fortaleciendo con el paso del tiempo, que desafortunadamente se nos hizo corto.

En estos últimos años, Juan David fue un colaborador entusiasta de PEN Puerto Rico como amigo, jurado, miembro activo y, recientemente, como secretario de la junta de directores.

Juan David fue un apasionado de la historia, particularmente la de su pueblo natal: Caguas. Fueron varios los eventos en los que PEN Puerto Rico y el Taller de Investigaciones Históricas, organización de la que fue fundador, trabajaron en alianza: en la celebración de la vida de José Gautier Benítez, en la escuela del mismo nombre en Caguas; en el centenario de Abelardo Díaz Alfaro, en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe; en el Congreso de Escritores celebrado en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, entre otros. En la UPR se suscitó un momento álgido cuando una persona del público interrumpió, airada, porque no estaba de acuerdo con las expresiones de Juan David. Su respuesta fue muy asertiva y, no solo eso, se bajó de la tarima y abrazó al joven. Fue un momento que jamás olvidaremos, en el que Juan David mostró, una vez más, su calidad humana.

Asistí a muchas conferencias en las que participó Juan David. Siempre daba gusto escucharlo. Recuerdo que una vez me invitó a una charla sobre espiritismo. Para mí, que fui criada según los preceptos de la religión evangélica, no me hizo gracia la invitación. Pero él me mostró un ángulo distinto sobre el tema y contribuyó a mi proceso de desaprender y desechar temores infundidos por la religión.

Juan David fue un gran maestro. Me gustaba hablar con él sobre el marxismo y otras ideologías y movimientos políticos que él conocía perfectamente, por lo que podía emitir expresiones muy bien articuladas.

Una energía tan inmensa no puede morir. Yo creo que esa esencia, ahora desde otro plano, acompaña a todos los seres que lo amaron y a quienes él amó. Gracias al Universo que nos permitió estar junto a Juan David en este plano a la misma vez y así pudimos disfrutar su compañía y aprender de él.

La junta de directores de PEN de Puerto Rico Internacional se une a las condolencias por la partida de tan distinguido hermano puertorriqueño. Les deseamos fortaleza y paz a su amada esposa, Margó, a sus hijos: Juan David, Juan Antonio, Juan Virgilio y Juan Illich, a sus nietos y a toda la familia de este ser tan extraordinario que ahora experimenta el plano espiritual. Nuestro abrazo a la familia y a todos los amigos y amigas que hoy lamentan su partida física.

¡Hasta siempre, Juan David, amigo, hermano, camarada!

Consigno mi homenaje poético. Son las décimas más difíciles que he escrito en mucho tiempo por lo duro que me resultó escribir sobre Juan David en pasado.

A Juan David Hernández

Por Sandra Santana

Savarona fue su cuna
Caguas fue su inspiración
La Patria fue su estandarte
La Historia fue su pasión

Septiembre lo vio nacer
En la región oriental
Encarnación especial
De un extraordinario ser
En aquel barrio crecer
Vino a ser, sin duda alguna
No un azar, sino fortuna
Que despertó un gran anhelo
Como un pedazo de cielo
Savarona fue su cuna.

El muchacho creció inquieto
Le gustaba investigar
Misterios desentrañar
Descubrir algún secreto
Su talento fue el boleto
Cuando llegó la ocasión
De seguir su vocación
Lo supo desde el principio
Y entre tantos municipios
Caguas fue su inspiración.

Las pasiones que vibraban
En su espíritu inconforme
Daban el impulso enorme
Que a la acción lo convocaban
Entre ellas destacaban
La ideología y el arte
Y el estudio cual baluarte
Que asegura la memoria
En honrosa trayectoria
La Patria fue su estandarte.

Importantes experiencias
Conformaron su caudal
Con talento sin igual
Y sobre todo conciencia
En la lucha y resistencia
Desde la investigación
Trabajó con gran tesón
Sin perder su don de gentes
Siempre con verbo elocuente
La Historia fue su pasión.


Sandra Santana, presidenta
PEN de Puerto Rico Internacional
12 de mayo de 2021

Junta de directores:
Sandra Santana, presidenta
Mairym Cruz Bernal, vicepresidenta/secretaria interina
Luccia Reverón, tesorera
Nora Cruz, vocal
Eva Luz Rivera, vocal
Miguelángel Lugo Marcano, vocal

Presione aquí para conocer los ganadores del Certamen Literario PEN 2020


PEN de Puerto Rico Internacional anuncia la lista de autores premiados en la Ceremonia de Entrega de Premios del Certamen Literario PEN 2020, que se llevó a cabo esta tarde a través de Facebook Live. Entre 102 libros participantes, publicados durante el 2019, se premiaron los mejores en las categorías de Cuento, Microcuento, Ensayo, Poesía, Antología de Poesía, Novela, Libro Híbrido, Dramaturgia y Teatro, Historia, Literatura para Niños, Literatura Juvenil y Memorias.

¡Felicitamos a los autores premiados en esta edición histórica en términos de participación!


A continuación, puedes ver la transmisión del evento de premiación:


Categoría Cuento

Premio Nacional: Janette Becerra: Cerrar la puerta tras de ti

Menciones Honoríficas: Luis Rodríguez Martínez: Rotos
Carlos Manuel Rivera Rosado: Cocobalé (Danza de guerra)

Categoría Microcuento

Premio Nacional: Ana María Fuster Lavín: [Cuestión de género] Carnaval de sangre 2

Mención Honorífica: Amarilis Vázquez Rivera: (Des)caradas

CATEGORÍA ENSAYO

Premio Nacional: Milagros Santiago Hernández: A la mesa del tirano

Mención Honorífica: Ivette Martí Caloca: Todo se ha hecho a mi voluntad

Categoría Poesía

Premio Nacional: Francheska Lebrón: Lo que nos dejó el camino

Menciones Honoríficas: Iris Miranda: Velos de la memoria

Kristina Plaza Figueroa: El invierno te devuelve lo azul

Categoría Antología de Poesía

Premio Nacional: Varios autores: Violencia nuestra de cada día.

Mención Honorífica: Colectivo Literario de la UPR en Humacao: Vuelos del vértigo

Categoría Novela

Premio Nacional: María Zamparelli: Los infortunios de Fátima Moniz

Menciones Honoríficas: Manuel Martínez Maldonado: El descubrimiento
Luis Alejandro Polanco, Mara Daisy Cruz, Awilda Cáez, Layda Melián y Milagros González Rodríguez: Nadie descubrirá tus huellas

Categoría Libro Híbrido

Premio Nacional: Conrado Zepeda-Pallares: Mientras afuera llueve

Menciones Honoríficas: Lucía Margarita Cruz Rivera: Los que mecieron mi cuna

Silverio Pérez, Pedro Reina Pérez y Ana Teresa Toro: Somos más: crónicas del verano del 19

Tere Dávila: El verano de la carne de león

Categoría Dramaturgia y Teatro

Premio Nacional: Pedro Rodiz: Café con leche de almendras

Categoría Historia

Premio Nacional: José Orlando Sued: La noticia paga: cine, propaganda y política pública en Puerto Rico 1950-1970

Categoría Literatura para Niños

Premio Nacional: Edwin Fi: Pregonero de versos

Categoría Literatura Juvenil

Mención Honorífica: Sarah Rubí: Sildarus: Anatomía de la luz

Categoría Memorias

Premio Nacional: Rima Brusi-Gil de Lamadrid: Fantasmas

Menciones Honoríficas: Mirelsa Modestti González: Veldolaguerías

Hiram Sánchez Martínez: Antonia, tu nombre es una historia