Los reyes magos golpeados

Luccia Reverón

            —¿Miedo a los camellos? Pero si eres ya un hombrecito; el mes que viene cumples seis años— dijo la madre mientras lo arropaba de pies a cabeza.

            Wilfredo quedó solo en el cuarto, comenzó a orar.  Dio gracias a Dios por todas las bendiciones, e hizo una petición especial.

            Dios, por favor, que los reyes me traigan lo que pedí: el iPod, el Wii, la computadora, el celular, los patines…

            Finalmente se quedó dormido.

            Cuando despertó por la mañana, deprisa, buscó debajo de la cama. Su corazón latía aceleradamente. Encontró que la hierba estaba completa en la caja de zapatos. Ansioso salió corriendo por el pasillo.

            Fue a la sala. Buscó detrás de los muebles, debajo del árbol de Navidad. Nada. Su pecho se agitó. Buscó en otros lugares. Nada. Las lágrimas comenzaron a flotar en sus ojos. Luego bajaron por las mejillas; la respiración se acortó, el pecho empezó a oscilar sin control y finalmente se escuchó el llanto.

            Abrió las puertas de los gabinetes que estaban a su alcance, las cerró tirándolas con fuerza. Luego se trepó en el mostrador y abrió las demás puertas, pero no encontró nada. Las lágrimas bajaban y de vez en cuando hacían una parada en los húmedos labios de Wilfredo. En sollozos, repasó, contando con los dedos, todo lo bueno que había hecho durante el año.

            —Hice las tareas, saqué buenas notas, no peleé en la escuela, compartí mi merienda con mis amiguitos, hice la carta, le puse hierba y agua para los camellos…y no me trajeron nada.

            El sollozo se convirtió en llanto desesperado y al poco rato, en rabietas y gritos. Pateó los muebles mientras gritaba.

            —¡Reyes malos, ustedes son malos, no los quiero, no los quiero…!

            Al ver aparecer a su madre, Wilfredo corrió a su regazo.

            —Vamos, Wilfredo, no llores, los reyes te enviaron un regalo y una carta. Están en el cuarto —dijo mientras lo consolaba—. Ven, vamos a buscarla, papá todavía está durmiendo.

            Cuando llegaron al cuarto, la madre le extendió el regalo junto con la carta, pero Wilfredo lo despreció al ver que era un pequeño regalo.

            —Yo le escribí una cartita…lo que yo quería…, no era eso…—dijo llorando.

            —Sí, pero leamos la carta. Hay que saber lo que dice —la madre comenzó a leerla con voz suave y le acariciaba la cabeza sosteniendo en la mano el regalo.

            “Querido Wilfredo” Gaspar, Melchor y yo estamos muy doloridos. Unos bandidos nos golpearon, casi nos matan, y nos robaron todo lo que llevábamos. Nuestros camellos también han sufrido mucho, pero roguemos porque se salven. Estamos convaleciendo.

            —Mamá, — interrumpió Wilfredo mientras se secaba las lágrimas— yo no quiero que le pase nada a los reyes, ni a los camellos.

            La madre continuó leyendo:

            “Santa Claus también venía con nosotros, pero como él iba al frente, salió ileso y por eso fue que pudo llegar con los regalos que tenía para ti. Como no queremos que pienses que es una excusa, el próximo año le pediremos a Santa que vaya detrás de nosotros. Queremos asegurarnos de que recibas nuestros regalos. Cuando hagas tus oraciones, pide porque él acepte este pequeño cambio. Mientras tanto, acepta este humilde presente de parte de los tres reyes magos, que ansían darte los mejores regalos.

            ¡Qué Dios te bendiga! ¡Ah!  Y no hagas caso si otros niños te dicen que recibieron regalos de los reyes… Por favor, esto es un secreto, no les cuentes lo que hemos sufrido. Simplemente, ora todos los días para que esto no nos vuelva a suceder.

            Te queremos mucho,

            LOS TRES REYES MAGOS

            —Los tres reyes magos… —dijo Wilfredo entre labios, un poco apenado.

            Arrebató el regalo de las manos de la madre y corrió hacia el cuarto gritando:

            —¡Voy a orar para que se curen y vengan pronto!

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Luccia Reverón. Es la creadora de la cuenvela. Es miembro activo del Colectivo Literario Vivir del Cuento. Ha publicado en las antologías: Latitud 18.5, Fantasía Circense y Divina: la mujer en veinte voces; de Ediciones Scriba NYC. Además, ha publicado en la revista Identidad de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Aguadilla y en periódicos locales. Su cuento, Viernes de liberación fue premiado en el 25to. Certamen de la Universidad Politécnica. Su primer libro, la cuenvela Los molinos de doña Elvira, fue publicado en el 2016 y, la segunda edición, en diciembre de 2020.  

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