Julita

Obdulia Báez Félix

 Julita se levantaba todas las mañanas a contemplar la majestuosa naturaleza que se alzaba sobre su pueblo de Carolina. El sol brillaba. Los pájaros revoloteaban entre árboles frondosos. Las flores abrían sus corolas. El viento silbaba melodías danzarinas. ¡Un sueño campestre que la hacía sentirse afortunada de haber nacido en Puerto Rico! Había llegado el día que más añoraba. Su mamá iría al río a lavar la ropa de la familia. Julita sentía la misma emoción que se vive cuando se regala un juguete nuevo a un niño el Día de Reyes. Esta vez su felicidad tenía nombre… ¡Río Grande de Loíza! El río de sus primeros sueños…

            Madre e hija, con líos de ropa en mano, bajaban la cuesta que las llevaría hasta el río. Brincando y riendo, Julita entonaba, con emoción, una canción inventada:

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                        ¡Qué hermosa es la naturaleza de mi isla!

                        ¡Qué hermoso el canto del coquí!

                        Mi corazón canta y baila

                        como el río que nació aquí.

            – ¡Ay, mi niña! ¡Qué ocurrente eres! Si hasta pareces poeta- expresó su mamá.

            – ¡Recuerda, seré maestra!

            Julita, entre brincos y canciones inventadas, admiraba todo lo que la rodeaba. Era como si la naturaleza se glorificara con sus melodías de niña poeta. Llegaron al río. Julita dejó caer el lío de ropa que cargaba.

            – Julita, cuidado con la ropa.

            – Perdona, mami… ¡Es que la belleza de mi río me cautiva!

            – Julita, cuando te conviertas en poeta y uses tu inspiración para cantar la belleza de nuestra patria, recordarás mis palabras. ¡Ahora, ve a jugar mientras lavo! No sé de dónde sale tanta ropa.

            – Mami, recuerda que somos muchos.

            La niña se sentó sobre la tierra que la recibía con esmero. Sus ojos se posaron sobre las aguas cristalinas que corrían majestuosas a lo largo del río. Entonces, Julita, pensando en las palabras de su madre, cerró los ojos y comenzó a soñar:

            ¡Qué hermosas tus aguas!

            Entre mis pequeños dedos

            se fueron a jugar;

            corriendo y saltando

            ya no pueden parar.

            ¡Qué hermosas tus aguas!

            Libres como mariposas

            juegan sin cesar;

            y su alegría contagiosa

            duerme en el mar.

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Obdulia Báez Félix. Obtuvo un doctorado en Filosofía y Letras con especialidad en Literatura Puertorriqueña y del Caribe, en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, en el 2019. Es la autora del libro: Y me llamaron… ¡Julita! Pronto publicará la segunda parte titulada: Y sigo siendo… ¡Julita! Ambos libros giran en torno a la poeta Julia de Burgos. Ha publicado varios trabajos literarios en revistas y antologías.

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